Sección: Crítica de arte, Estudios culturales, Psicología, Reseñas y Opinión




El narrador como elemento unitario de la novela “Gordas. Historia de una batalla”, de Isabel Velázquez

[ Liliana Lanz Vallejo y Hugo Salcedo | Publicado el 4 Feb 2009 | ]


Resumen:

Universidad Autónoma de Baja California

Gordas. Historia de una batalla es el primer libro publicado de la autora bajacaliforniana Isabel Velázquez (Ensenada, 1969), el cual está organizado en 13 capítulos que relatan las obsesiones y traumas de diversas mujeres obesas y plantean una teoría acerca de qué significa ser un gordo. A pesar de estar conformada por cuentos, esta obra fue merecedora del Premio Binacional de Novela Joven 2001 Frontera de Palabras/Border of Words, y gracias a esto apareció publicada al año siguiente como el número 244 de la colección Fondo Editorial Tierra Adentro.







gordas

Los cuentos de Gordas. Historia de una batalla presentan distintos personajes con sus respectivos problemas que viven en diferentes ciudades de la República Mexicana, desde el Distrito Federal hasta Ciudad Juárez; de forma que leídos los cuentos independientemente, sus personajes parecen no tener relación alguna fuera del tema de la obesidad.

La estructura de esta novela fue comentada por primera vez en el libro  Frontera en el centro de Humberto Félix Berumen, donde dice que:

La relación entre todos ellos [los cuentos] es muy débil como para pensar en una novela. En todo caso la unidad le viene más por la temática que por la ilación o por la armazón entre los distintos fragmentos que la integran. ¿Una novela sin trama, entonces? Así parece. (215 y 216).

Estamos de acuerdo con Berumen en la idea de que Gordas… presenta fragmentos, mas no con que la obra carece de trama. Proponemos que sí la tiene gracias a que dos fragmentos engloban a los cuentos en una unidad narrativa, la cual no solamente presenta una trama determinada, sino también un narrador en común.

El primer fragmento es el titulado “Escribe”, el cual se encuentra después del prólogo. Este apartado sumamente breve, de dos páginas, lo consideramos un fragmento y no un cuento porque está íntimamente relacionado con uno segundo al final de la obra, antes de los agradecimientos de la autora; éste con el primero producen una dependencia causal sobre los cuentos. “Escribe” trata de una mujer, personaje protagonista en esta novela, que ha escrito sobre sí misma como por lluvia de ideas (”Acerca de esto y de aquello”, “De esto y de nada; de la seca a la meca” [Velázquez 11]), y lo hizo sólo por escribir (”sólo para, sólo por” [11]). El texto muestra así el producto ya escrito por la mujer donde ella se desdobla en tercera persona en algunos párrafos, como si la voz de su conciencia la reconociera como un “otro” externo para desde esa distancia auto-flagelarse; y en segunda persona en otros, manteniendo un diálogo completamente flexible donde ella a ratos se atreve a recriminarse más directamente.

Esta interpretación se soporta en diversas claves que se entreven en el texto. El tercer enunciado de este apartado se lee: “Se gastó el último dólar en un café y ahora está a punto de desperdiciar veinte minutos en esta tontería” (11). La frase “esta tontería”, sobre todo el adjetivo demostrativo “esta” nos demuestra que quien habla (o mejor dicho quien escribe) no es una persona lejana de la acción sino que muy probablemente es quien la realiza. Esta sospecha nos queda confirmada con otro enunciado que nos dice que la mujer escribe “aunque sólo sea para acabarle las puntillas a este lapicero robado” (11); la frase “este lapicero” nos sugiere que el hablante (o el escritor) tiene el lápiz cerca de sí o que inclusive lo está usando.

El juego del cambio de persona gramatical a lo largo del texto se ve apoyado también en el título “Escribe”. En este verbo se pueden identificar dos tipos de conjugaciones: 1) en tiempo presente del modo indicativo de la tercera persona gramatical y 2) en modo imperativo, el cual siempre se presenta en la segunda persona gramatical. La palabra se repite en el fragmento desempeñando una doble función: una en que la escritora personaje relata que ella (desdoblada en tercera persona) escribe, y una segunda en que con dicha palabra se presiona a seguir escribiendo.

Incluso hay una parte del texto en que se lee: “No ves que vemos y nos queda claro que eres una irresponsable” (11). Aquí la mujer está haciendo referencia a sí misma en segunda persona para continuar su autocrítica, pero a la vez se manifiesta en la primera persona gramatical para unirse a otros dos personajes del relato y atribuirles la opinión recriminatoria de que ella es una irresponsable; es decir, opina de sí que es una irresponsable, a la vez que supone que los otros dos opinan lo mismo.

Desde el segundo enunciado del fragmento que dice “Siente la culpa en las rodillas”, se nos da a entender que la personaje está angustiada, estado de ánimo que se transmite a lo largo de todo el texto con los reproches que se echa en cara mediante su acto creativo; además esa “culpa” puede ser una transferencia de la carga física y emocional que para ella representa su sobrepeso. La mujer escribe justamente para superar ese estado de ánimo, para olvidar su miseria: “Aunque sólo sea para que los ojos se te resbalen por la página”, “Escribe para salvarte, para salvarnos” (12) y, como veremos más adelante, no solamente consigue este primer objetivo, sino que también logra adelgazar en el proceso.

En cuanto a la identidad de la protagonista, se deduce que ésta es una estudiante un poco pasada de peso gracias a que se menciona que “Tendría que estar haciendo tarea” o debería mejor “meterse al gimnasio para perder los 25 kilos que le sobran” (11) en lugar de estar escribiendo. También se puede suponer que la acción ocurre en una ciudad fronteriza donde se acepta la moneda del dólar en la compra de un café y se cambia del idioma español al inglés indistintamente al hablar y escribir, pues la personaje plasma dos enunciados en inglés atribuyéndolos a algo que dijo una magnolia enseguida de ella, y unos “yeah, yeah” dichos por otra flor.

“Escribe” se relaciona directamente con el segundo fragmento de la novela titulado “Por si acaso Bellas Artes”, el cual concluye la narración. Éste empieza con las líneas: “Me faltan 25 páginas para terminar y creo que estoy adelgazando. No digo que no, puede ser sugestión, pero la ropa no me queda igual que cuando escribí: ‘Siente la culpa en las rodillas…’” (137). Aquí encontramos que la protagonista en este fragmento es la misma que redactó el texto que aparece en “Escribe”, sólo que en esta ocasión, después de haber escrito mucho, se ha tomado una pausa en su acto creativo para reflexionar acerca de su papel como escritora-ya-no-tan-gorda de un libro que habla de mujeres obesas. La protagonista entra en un dilema “moral” en el que se cuestiona en qué concepto la tendrían sus posibles lectores si se enteraran de que la autora del libro que tanto les gustó es una antagonista de las gordas: una flaca. La mención en este fragmento de la personaje como autora de un libro de gordas nos da a entender que a ella le debemos la creación de los cuentos contenidos entre los dos fragmentos narrativos ya explicados, lo cual hace evidente la dependencia causal que la trama extraíble de “Escribe” y “Por si acaso Bellas Artes” confiere al resto de los capítulos del libro.

Además podemos hablar en Gordas… de un narrador-personaje, ya que la protagonista, la estudiante pasada de peso, es quien usa su voz, en dos diferentes modalidades, para relatar sus propios acontecimientos. María Isabel Filinich habla de tres modos de enunciación posibles en los textos narrativos: la oral, escrita e interior. En “Escribe” la narrador-personaje se manifiesta por medio de la enunciación escrita, como ya se explicó anteriormente, y, regidos bajo nuestra interpretación de que es precisamente esta mujer la que redacta los cuentos contenidos en la obra, es de suponerse que ese tipo de enunciación se prolonga hasta el fragmento “Por si acaso Bellas Artes”, donde interrumpe su escritura y comienza una enunciación interior.

En “Por si acaso Bellas Artes” la protagonista no exterioriza su voz sino que reflexiona para sí misma, hecho que se puede deducir gracias a ciertas marcas en su discurso. Por ejemplo, en este fragmento predominan las oraciones coordinadas unidas por la conjunción “y”, recurso que logra una desarticulación en el habla de la protagonista; esta característica trata de imitar el razonamiento de la conciencia humana, pasando de tema en tema, de preocupación en preocupación sin una premeditación formal. Además podemos observar una serie de palabras y frases que se repiten constantemente para representar la inseguridad y ansiedad de la mujer pensante como en la cita a continuación:

Bueno, pero si termino este libro y sale y se lee y resulta que mucha gente se identifica y la cosa se hace grande, porque estas cosas suceden, pueden suceder, han sucedido… qué tal si la cosa se hace grande y luego por esas ironías de la vida me invitan a leer a Bellas Artes… claro, no es común, pero puede suceder, ha sucedido… digamos, es un decir, que me invitan […] (Velázquez 137 y 138).

Esta técnica es una de las más representativas de la enunciación interior: el “flujo de conciencia”. Así, en “Por si acaso Bellas Artes” la protagonista deja correr sus pensamientos después de haber suspendido momentáneamente su escritura; se concluye por lo tanto que ella, aunque use dos tipos de enunciación diferentes, desempeña el papel de narradora a lo largo de toda la obra sin cambiar de identidad en ningún momento.

Quedamos entonces en que la protagonista de “Escribe” y “Por si acaso Bellas Artes” no solamente es la creadora responsable de la presencia de los cuentos contenidos en la obra, sino también su narradora, lo cual necesariamente implica una relación de co-dependencia entre los textos, donde los fragmentos enmarcan a los cuentos y los dotan de un sentido ulterior que por sí solos, en un contexto externo de la obra como unidad, no tendrían. Este tipo de relaciones entre relatos se conocen como los niveles narrativos. Los fragmentos anteriormente analizados constituyen el nivel diegético de la obra, o séase la base del relato, mientras que los cuentos, ubicados en un nivel inferior al primero, constituyen un nivel metadiegético.

Llama la atención el hecho de que los primeros cuentos de la obra presentan una voz narrativa que se percibe como externa de lo que sucede. En los dos primeros cuentos del nivel metadiegético de la obra, titulados “Lástima de carita” y “Sangre”, el narrador es extradiegético; por lo tanto, el agente que narra no se involucra en los hechos y se encuentra fuera de la acción. Sin embargo, conforme avanza la obra, la personaje-autora/narradora de “Escribe” y “Por si acaso Bellas Artes” se va involucrando progresivamente en lo que relata, hasta que llega un punto en el que su voz se fusiona completamente con la de los personajes que crea en los cuentos.

Esta transición se hace evidente en el tercer cuento “La Ciudad de los Palacios”, el cual comienza a ser relatado también con narrador extradiegético hasta su último párrafo, donde la voz narrativa empieza a intercalar pronombres en tercera y primera persona para referirse a la misma protagonista del cuento, creando una incongruencia gramatical que se continúa hasta el término del relato.

A partir de este punto, la voz de la personaje-narradora/autora se funde completamente con la de sus personajes. En los cuentos “Wosh”, “Esta capa no sirve para volar”, “Antes” y “Queenie/Queen” aparecen personajes que articulan su propio discurso y narran lo que les acontece. Si sacáramos estos cuentos de la unidad que los contiene, o sea la obra, los narradores aquí serían autodiegéticos en el caso de “Wosh” y “Antes”, mientras que en los otros dos, donde se desarrollan soliloquios orales por parte de los personajes, serían diegéticos; pero dado que los cuentos sí se encuentran inmersos en una estructura narrativa superior, el análisis de la situación narrativa exige una interpretación más trascedental. Ya que sabemos que la personaje de “Escribe” y “Por si acaso Bellas Artes” es la autora de dichos cuentos y también la narradora, en estos casos nos queda concluir que la protagonista en su ejercicio creativo de escritura ficcionaliza su voz adoptando la de los personajes que crea.

Este proceso paulatino de la protagonista de irse filtrando en la voz de sus personajes le da la oportunidad de desahogar sus propios sufrimientos. Ese simular ser alguien más en tal vez peores circunstancias permite que la protagonista se libere y, de cierto modo, subsane las tensiones que la inconformidad de su físico le ocasiona; esto explica su pérdida de peso en “Por si acaso Bellas Artes”. Su sobrepeso corporal representa entonces su angustia, la cual es tan grande que se manifiesta en una obesidad somática.

En base a todo lo anterior podemos concluir que el cambio de estilo del narrador en el nivel metadiegético posee una estructura progresiva bien definida, de menor a mayor involucramiento con la acción, la cual se ve claramente reflejada en la adopción de voces y uso de diversas personas gramaticales en referencia de lo relatado por parte del narrador.

A este elemento de la estructura ya analizada como prueba de la existencia de un único agente narrativo en la obra, podemos incluir por último la interpretación del título del libro Gordas. Historia de una batalla. Es de notarse que, a pesar de que el libro habla de muchas gordas, como lo ilustra la primera frase del título con su plural, su segunda frase alude a una historia de una batalla, en singular. Si son varias gordas, todas enfrentándose a sus propios problemas, lo más lógico sería que nos encontráramos con una frase que refiriese a varias historias de una batalla: la obesidad; o varias historias de también varias batallas: además de la obesidad, la baja autoestima, la poca salud, la discriminación social, etc. Sin embargo, encontramos en el título una historia, sólo una. Isabel Velázquez lo explica en su prólogo titulado “Esta boca es mía…” de la siguiente manera: “Muchos personajes, uno solo. Muchas historias, una sola: la historia de una batalla” (10). Estas frases evocan un sentido de unidad entre los gordos, a la vez que generalizan sus problemas como uno mismo. Un gordo no está solo en sobrellevar su existencia, sino que sus derrotas y victorias en la vida valen para todos ellos en conjunto porque representan los logros o fracasos en la deseada destrucción del estereotipo social del gordo. Además, en un sentido más concreto a la obra, la segunda frase del título “Historia de una batalla”, bien podría aludir a la historia que se desarrolla en la trama de la novela, la de nuestra protagonista de “Escribe” y “Por si acaso Bellas Artes”.

Concluimos así que Gordas. Historia de una batalla es una novela con trama porque, a pesar de estar conformada por cuentos, mantiene una unidad narrativa gracias a los fragmentos “Escribe” y “Por si acaso Bellas Artes”, los cuales sustentan el nivel diegético de la obra, y además introducen el narrador que se encarga de relatar la historia de principio a fin. Todos estos elementos, entre muchos otros más cuya explicación extendería todavía más este ensayo, se cohesionan para sostener a la obra como perteneciente al género novelístico y justa merecedora del Premio Binacional de Novela Joven 2001.

Bibliografía:

Félix Berumen, Humberto. La frontera en el centro. Mexicali: UABC, 2004.

Filinich, María Isabel. La voz y la mirada. México: Plaza y Valdés, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Universidad Iberoamericana, 1997.

Pimentel, Luz Aurora. El relato en perspectiva. México: Siglo XXI, 1998.

Velázquez, Isabel. Gordas. Historia de una batalla. México: Tierra Adentro, 2002.

Zavala, Lauro. “Nouvelles cuentos short stories Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: brevedad, diversidad, complicidad, fractalidad, fugacidad, virtualidad”. 10 págs. Consultada el 3 de abril del 2007. <http://www.fl.ulaval.ca/cuentos/lzmini.htm>.









Para citar éste artículo, le recomendamos el siguiente formato:


, Liliana Lanz Vallejo y Hugo Salcedo (2009). El narrador como elemento unitario de la novela “Gordas. Historia de una batalla”, de Isabel Velázquez. Societarts. Revista de artes, ciencias sociales y humanidades. Recuperado el día de mes de año, en:
http://societarts.com/estudios-culturales/el-narrador-como-elemento-unitario-de-la-novela-gordas-historia-de-una-batalla-de-isabel-velazquez/

Comentarios (1)

alexandra vicencio

February 11th, 2010 @ 2:17 pm


Soy actriz y quiero localizar a Isabel Velázquez porque tengo un espectáculo unipersonal donde estoy promoviendo la lectura de sulibro.
Por fa contáctenme

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